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26 mai 2021

Consideraciones sobre tecnologías aplicadas a diferentes eventos en el espacio

¡Enamorad el Cielo! 

El 21 de diciembre de 2020, en el solsticio de verano en nuestro hemisferio, ocurrió un raro encuentro en el cielo: los planetas Júpiter y Saturno estuvieron tan próximos y perfectamente alineados que, desde la perspectiva de la Tierra, parecían un solo planeta, más grande y brillante, despertando en la imaginación humana todo tipo de pensamientos mágicos.

Esta perfecta convergencia, con tal aproximación entre los dos cuerpos celestes, había acontecido por última vez hace 400 años (siendo que hace  800 años fue en el periodo nocturno, como tuvimos la suerte de observarlo en  Brasil).

Los astrónomos catalogaron   este perfecto encuentro, como el “Beso de Navidad”. Esa noche, ciertamente, fueron lanzadas al Universo las vibraciones y deseos de millones de personas  que presenciaron el espectáculo.

Observar la ordenación armoniosa de los planetas, al igual que  otros hallazgos recientes, como la primera imagen real de un agujero negro súper masivo capturada por el equipo del Event Horizon Telescope (EHT), en 2019, nos es brindado  a través de la ciencia  de la astronomía por  estudiosos e investigadores competentes apoyados por sofisticadas  tecnologías.

 El 6 de diciembre de 2020, Hayabusa 2 (la sonda espacial de Jaxa - Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial), una vez más cumplió con perfección su misión al traer a la Tierra muestras del asteroide Ryugu, que orbita nuestro planeta a 300 millones de kilómetros de distancia. Su objetivo con la recolección de estas muestras será investigar el origen y la evolución de la tierra, el mar y la vida así como la conocemos hace 4.500 millones de años, con la exploración de estos asteroides denominados tipo C, ricos en agua y materia orgánica.

En un debate promovido por Japan House en São Paulo, durante la Semana de la Astronomía - 04 al 09 de abril - de este año, aprendí del astrónomo Fernando Roig, del Observatorio Nacional, que los asteroides transportan información valiosa sobre lo que había en la nebulosa primordial desde donde se formó el sistema solar. Roig  predice que, en el futuro, debido a su composición abundante en minerales, puede haber, explotación comercial de asteroides como fuentes de minerales e  insumos,  por ejemplo, para la fabricación de microchips y materiales  superconductores.

El éxito de misiones exploratorias, que demandan inversiones muy elevadas como la misión de Hayabusa, depende de la colaboración de tecnologías aplicadas a diferentes áreas del conocimiento. La computación de alto rendimiento (supercomputadoras) también es una herramienta muy importante en proyectos como este. Aún según Fernando Roig, la simulación de modelos numéricos de hidrodinámica, probablemente ayudó a predecir el comportamiento del flujo de fragmentos de asteroides cuando el mecanismo del cuerno colector de muestras (sampler horn mechanism) disparó el proyectil con suficiente presión como para provocar un cráter artificial en la superficie del suelo.

El impacto, seguramente, provocaría el desplazamiento de pequeños fragmentos y sería de suma importancia anticipar la comprensión del comportamiento de estos fragmentos para que no alcanzasen la propia sonda. Simulaciones como esta, con alta precisión, y que aún se realizan en la fase de proyecto de la misión, solo son posibles en Supercomputadoras con gran capacidad de procesamiento.

De hecho, los desarrollos y el legado de la investigación de NEC son enormes en el área de Satélites y Sondas Espaciales. Como resultado de esta inversión, los satélites, cada vez más modernos, se aplican a diferentes iniciativas, como Monitoreo de Desastres Naturales, Agricultura e Infraestructura Urbana. Es posible enviar datos de observación de la Tierra con mayor resolución y rendimiento desde el espacio, aportando informaciones fundamentales que, junto con otras variables, permiten la optimización de soluciones encaminadas a reducir los riesgos de desastres naturales o la aplicación de la Inteligencia Artificial en agricultura, por ejemplo.

Hace 400 años, la tripulación de esta gran nave Gaia, fue testigo del encuentro de Zeus y Kronos en el Cielo. Hoy, 400 años después, este reencuentro marca un nuevo salto con nuevos descubrimientos y conocimientos, inaugurando una nueva Era para toda la humanidad.

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